Paralaje

del 22 de junio al 5 de septiembre 2021

en Trafalgar 53, Barcelona

La palabra ‘paralaje’ hace referencia a la aparente diferencia en la ubicación de un astro en la bóveda terrestre según la posición desde donde se observa. Paralaje surge de un proceso de colaboración y conversación entre Noela Covelo Velasco, Alejandro Palacín, Victor Ruiz Colomer y la comisaria Marta Sesé. Tomando el espacio —siempre en proceso— de Dilalica como contexto, la propuesta se construye también desde la idea de proceso, entendiendo la inauguración como un momento que se ampliará o cambiará en diversas ocasiones a lo largo de los próximos meses según las necesidades y posibilidades que las distintas piezas plantean.

A partir de este contexto, el conjunto de piezas y propuestas de actividades apuntan a diversas ideas de investigación: un uso site-specific del espacio que invite más a estar que a visitar; una aproximación a la narrativa histórica de la calle Trafalgar; un aprovechamiento de los recursos al alcance; y un marcado interés por hallar vías de distribución de la actividad que alcancen públicos imprevistos y cercanos. La ambigüedad, cierta resistencia a la idea canónica de exposición entendida como muestra de resultados o la alteración de los valores simbólicos comúnmente asociados al arte atraviesan, de una manera u otra, el proyecto.

La instalación sonora Programación del arranque de Noela Covelo Velasco toma como punto de partida el derribo, en el siglo XIX, de la muralla medieval de Barcelona, cuyo trazado transcurría en parte por la actual calle Trafalgar. Dicho derribo era imprescindible para garantizar el crecimiento urbanístico de la ciudad y desarrollar con éxito el proceso de industrialización. Ya desde entonces, la calle Trafalgar ha sido el reflejo de cambios urbanísticos que responden también a distintas fases del capitalismo. La narrativa de la instalación sonora, que parte de una concepción del sonido como dramaturgia, está conformada por tres secciones: el nudo financiero, Josep Anselm Clavé y la zona de libre comercio. Los audios de arranque que marcan las horas —ritmos de trabajo—, así como el shepard tone, un sonido cíclico y expansivo, se corresponden con el nudo financiero; una versión de La Maquinista y Els xiquets de Valls, composiciones ambas de Anselm Clavé, hacen referencia a las corales de trabajadores que organizaba el compositor en la segunda mitad del siglo XIX con el fin de culturizar a la clase trabajadora. Estas canciones se escuchan dentro y fuera del espacio expositivo mediante un megáfono que se encuentra en la calle. Por último, la zona de libre comercio se refleja en los bodyshakers que, instalados dentro de las columnas, generan sacudidas y vibraciones.

Victor Ruiz Colomer propone Por momentos eficiencia, una instalación que funciona como espacio de trabajo desde donde producir papeles reciclando el papel desechado del propio espacio expositivo. La instalación, compuesta por diversos bancos, cajas con herramientas y un tendedero, en su gran mayoría materiales reciclados o encontrados, será activado por el propio artista durante distintos momentos de la exposición para producir los Primeros cancioneros —papeles que contendrán las partituras de las canciones de Covelo Velasco y cuya forma remite a la estructura sonora del shepard tone—, así como los carteles y folletos que difundirán las distintas actividades que se programarán en el contexto de la muestra y que el propio artista distribuirá por los comercios del barrio.

La ambigüedad y la resistencia a una pérdida del uso se encuentra en los tres Ecos de silla de Alejandro Palacín. Se trata de tres conjuntos de sillas que responden a distintos modos de apilamiento; formas que remiten a la optimización vinculada a la distribución capitalista. Palacín consigue mediante un gesto leve consistente en recortar las patas de los tres conjuntos que estos adquieran la altura de una sola silla. Los conjuntos pueden desplegarse respondiendo a las distintas necesidades de las actividades programadas, y en su despliegue adoptan, una vez más, formas que remiten a la estructura del shepard tone. Al mismo tiempo, las sillas apiladas dialogan con las columnas sonoras de Noela Covelo Velasco —asumiendo y transmitiendo su vibración— y con la instalación de Victor Ruiz Colomer, al permitir que quien use la trituradora de papel pueda sentarse. Las patas recortadas, lejos de devenir desecho, se convierten en pequeños elementos escultóricos que contrastan con la idea de no-parecer con la que juegan las sillas.