Los Dalton es una exposición colaborativa de Miguel Fructuoso, María Sánchez y Miguel Ángel Tornero. A partir del daltonismo, alteración visual que provoca dificultad para percibir los colores, Los Dalton es un ejercicio formal y conceptual en relación al color. La búsqueda del consenso y el intento de ponerse en el lugar del otro derivan, así, en una reflexión sobre la empatía y la exclusión, lo raro y lo común, el individualismo y la colectividad.
Cuando Miguel Ángel Tornero y María Sánchez empezaron este proyecto conocieron que su amigo y pintor Miguel Fructuoso acababa de ser diagnosticado con daltonismo. Esta casualidad provocó una invitación inmediata a Fructuoso a formar parte del proyecto, que se ha materializado en una serie de pinturas, videos e instalación.
El punto de partida de las pinturas que forman parte de la exposición son los tests de Ishihara utilizados para el diagnóstico del daltonismo. Se trata de unos dibujos circulares que contienen números en una gama de colores que oscilan entre los verdes y los rojos —la capacidad de distinguir el número respecto al fondo es lo que determina si alguien es o no daltónico—. Los artistas seleccionaron algunos de los tests, los imprimieron en gran formato y Fructuoso, acompañado de Sánchez y Tornero, trató de reproducirlos. En algunos casos, esa reproducción pudo ejecutarse exitosamente no gracias a la percepción del color, sino a la capacidad de igualar un tono al otro, aunque no se percibiera con exactitud. Las conversaciones y negociaciones que tuvieron lugar durante ese proceso quedaron registradas en la pieza de vídeo El camino de abajo.
En la pieza Romance sonámbulo daltónico se reproduce la experiencia de percibir los colores como un daltónico en el entorno de un navegador, gracias a la aplicación Sim Daltonism. Las búsquedas de Google vienen dictadas por el poema Romance sonámbulo de Federico García Lorca. Los resultados se convierten en una acumulación visual de banco de imágenes, una iconografía universal dictada por el propio código de Google, que en este caso permite cuestionar una doble convención: la del color y la del estereotipo.
Según los propios artistas las piezas físicas no son la conclusión de las preguntas planteadas inicialmente, sino un documento procesual de un tránsito y un intento –tal vez improductivo, por ser imposible– de ponerse en el lugar del otro. Recientemente, Miguel Ángel Tornero afirmaba: “no tengo mucho más criterio sobre de qué va la exposición que cuando estábamos al principio, hay algo inútil, fracasado en este sentido…“. A lo que Fructuoso respondió: “El arte es esto”.