Como un mundo que se desmorona cuando nadie está mirando

Del 10 de noviembre 2021 al 29 de enero 2022

Comisariado por Bartlebooth

Nos aproximamos a un espacio que todavía no existe y, sin embargo, toda su potencia está encarnada en la materialidad del presente, en sus grietas y márgenes. No es posible proyectarlo desde otro origen de coordenadas que desde el presente externo y, a la vez, sus condiciones impiden esbozarlo con precisión. Está inserto en relatos acelerados, tentáculos de fibra óptica que atraviesan nuestros subsuelos y se materializan en objetos y acciones cotidianas. Pero también en matrices urbanas y minas a cielo abierto envueltas en los relatos prometedores de una nube anclada a los estratos minerales de silicio, cobre y otros metales. Como un mundo que se desmorona cuando nadie está mirando nos habla de la materialidad etérea del presente para hacer tangible las implicaciones de nuestras acciones cotidianas digitales, las cuales recorren todo tipo de infraestructuras domésticas, urbanas y terrestres. Como el scroll inocente de nuestros dedos sobre el cristal iluminado de las pantallas de los dispositivos digitales, nuestros gestos movilizan fuerzas con afecciones e implicaciones planetarias capaces de alterar las concepciones establecidas de lo doméstico, lo urbano, lo territorial o lo corpóreo.

Asomándose al negro y pulido espejo acelerado del presente extremo, Como un mundo que se desmorona cuando nadie está mirando nos devuelve la mirada y nos traslada la responsabilidad sobre nuestras acciones por nimias que sean. Una mirada construida a través de sensores, pulsos eléctricos y órganos maquínicos, una realidad leída desde los algoritmos de procesamiento de información. Una mirada en cuya presencia, por cotidiana, no habíamos caído, pero que ayuda a desdibujar nuestros propios límites que “descienden a través de las barreras del tiempo… como un mundo que se desmorona cuando nadie está mirando. La fusión con la máquina está completa. El futuro ahora es pasado”.

Translating (with) Frank es una pieza audiovisual de Diego Morera. A través de Frank, el algoritmo que organiza los pedidos de comida de la empresa Deliveroo, se despliegan toda una serie de implicaciones urbanas y arquitectónicas mediante la lectura de una matriz urbana regida por los tiempos óptimos de entrega de cada plato. Así, este trabajo muestra las transformaciones en curso y la superposición de temporalidades, economías, arquitecturas y conflictos detrás de esta inocente aplicación.

Homeschool, de Simone C. Niquille/Technoflesh, plantea una relectura del espacio doméstico —o, mejor dicho, de lo que el espacio doméstico podría llegar a ser— desde la mirada de un robot doméstico. El vídeo no solo reflexiona sobre los mecanismos de aprendizaje de estas realidades no-humanas que, de manera creciente, pueblan nuestras viviendas, sino también sobre los mecanismos de visión y representación que éstas utilizan para comprender el mundo físico.

Mobile Server, de Azahara Cerezo, es un ejercicio de materialización de una realidad aparentemente inmaterial: los servidores web. Una batería, un procesador, una placa fotovoltaica y una conexión a internet son el ensamblaje imprescindible para construir un servidor capaz de alojar su propia web. Junto a estos elementos, una cámara web y un juego de espejos dentro de la propia sala registran periódicamente su situación y los cambios en el lugar en el que se ubica el servidor. Frente a la inmaterialidad de la nube, la caja del Mobile Server se abre para plantear otras alternativas posibles de relacionarnos con los datos que producimos.

Ghosting Image y Espejo mágico (Tezcatl), de Gloria López Cleries, convocan las dos escalas entre las que transita el conjunto del resto de obras: la territorial y la corpórea, que se manifiestan con cada scroll de nuestros dedos sobre las pantallas del móvil. Por un lado, presenta una pieza de obsidiana tallada en México como una réplica realista de un iPhone 7. Por otro, una serigrafía realizada con tinta que reacciona al calor corporal de nuestras manos haciendo que desaparezca el paisaje extractivo de una mina de coltán —uno de los minerales fundamentales para construir la atmósfera digital que nos envuelve— que se representa.